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EL PAÍS DE SINMANOS

 

En el País de SINMANOS

todas las personas

hacían las cosas con los pies,

ya que carecían de manos.

 

 

A pesar de ello,

se habían acostumbrado,

aunque les costaba mucho esfuerzo

realizar sus faenas cotidianas.

 

 

Habían tenido que ingeniarselas

para que los utensilios

pudieran ser manejados con los pies.

 

Era una gente triste, poco feliz

porque se veían muy limitados:

sus casas eran pequeñas,

sus muebles bajos,

sus objetos reducidos,

sus ilusiones pobres.

 

Vivían solitarios en las montañas;

nadie les había visitado.

No conocían a otros seres

que no fueran ellos.

 

Hasta que un buen día

pasó por allí un personaje

que tenía manos,

procedía del País de las Manos.

 

 

Al comprobar que no tenían manos,

les mostró lo que se podía realizar con ellas,

con mucha mas soltura

y rapidez que ellos.

Podía dibujar con sus manos,

comer,

aplaudir,

escribir,

 

 

acariciar,

 

podía trabajar con sus dos manos.

 

 

Los habitantes del País de Sinmanos

quedaron sorprendidos,

no salían de su asombro.

Le pidieron que les diera

unas manos como las suyas,

ellos también querían tenerlas,

para poder realizar lo mismo.

 

 

Y así lo hizo.

Les puso dos manos a cada uno

y les enseñó a emplearlas.

 

Pronto aprendieron.

No pasó mucho tiempo,

y ya sabían utilizarlas.

 

 

Entonces, en el País de SINMANOS

ya nadie estaba triste,

ya ninguno usaba sus pies

para realizar sus trabajos.

 

Todos empleaban sus dos hermosas manos

para dibujar,

comer,

 

 

aplaudir,

escribir,

acariciar,

todos apreciaban sus dos ingeniosas manos.

 

 

MORALEJA:

 

 

 

Todos estaban contentos y alegres

porque tenían manos para trabajar.

 

Y pies para poder pasear.

 

 

 

 

AUTOR: CARLOS BUJAN .

Agosto de 2006

 

FIN